La Casa del Poeta Manuel Acuña en Saltillo

La Casa del Poeta Manuel Acuña en Saltillo 1

Información: Manuel Acuña en la Ciudad de México/Marco Antonio Campos 2001.

Acuña nace en Saltillo, Coahuila el 27 de Agosto de 1849, en la casa número 218 de lo que hoy es la calle de Allende (hoy numero 394 antes de llegar a Pípila). Sus padres se habían casado dos años antes, la familia Acuña entonces (lo fue siempre) de magros recursos.

Niñez de Manuel Acuña

Acuña tomó de niño clases con un profesor particular y más tarde ingresó al Colegio Público de Saltillo o Colegio Josefino, los registros del paso de Acuña por colegios Saltillenses ilustran a un estudiante de excelencia y de “decencia y firmeza en sus costumbres” y de manera notable termina sus ciclo saltillense en 1864.

Viajó a fines de diciembre o principios de enero a la capital de la república. Lo acompañan Antonio García Carrillo y Blas Rodríguez, desde su arribo, cuando se inscribe en el Colegio de San Idelfonso, Acuña jamás volvió a Saltillo. Acuña vivió todo el tiempo en la ciudad de México a la buena de Dios y olvidado de la Magnifica. Al principio recibía algún dinero del padre pero desde 1871, luego de la muerte de éste, se recorta el subsidio familiar.

Francisco Castillo Nájera refiere que de 1865 a 1871 antes de mudarse al cuarto 13 de la Escuela de Medicina, el poeta moró en el ex convento de Santa Brígida.

Según Juan de Dios Peza en sus memorias, Acuña moró en el cuarto número 13 del patio de los, naranjos de la Escuela de Medicina, al parecer llegó a mediados de 1871, luego de la muerte del padre.

Escribe Peza en sus memorias que el cuarto de Acuña era escueto y sombrío. Daba la Imagen de una pobreza extrema. Había un catre con colchón raído cubierto por un sarape Saltillense, un buró en la cabecera, una mesa desvencijada color azul pálido, tres sillones en el abandono y un librero hecho de cajones con tres tablas largas.

La mañana del 6 de Diciembre de 1873 Acuña se levantó tarde, arregló el cuarto, fue a tomarse un baño, regresó al mediodía al cuarto, y acaso como sugiere Peza, escribe el mensaje final con mano segura:

“Lo de menos era entrar en detalles sobre la causa de mi muerte; pero no creo que le importe a ninguno; basta con saber que nadie más que yo mismo es el culpable. Diciembre 6 de 1873-Manuel Acuña”.

La voluntad suicida de Acuña era tan seria y definida que no parece haber titubeado un solo instante para llevarla a la práctica. Bebió una sobre dosis de cianuro.

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