La Leyenda de la Taconera de Saltillo: la historia que aterroriza el Centro Histórico

En el Centro Histórico de Saltillo, donde las calles de Bravo y Juárez se cruzan y guardan siglos de historia, nació una de las leyendas más escalofriantes que los saltillenses han transmitido de generación en generación: la historia de La Taconera. Un relato de amor filial, culpa y condena que, según los lugareños, todavía resuena entre las piedras del barrio en las noches más silenciosas de la ciudad.

Como ocurre con las mejores leyendas urbanas de Saltillo, nadie puede decir con certeza en qué época ocurrió ni quién fue exactamente esta mujer. Pero eso, lejos de restarle fuerza, la hace más poderosa: porque cuando el nombre se pierde, el símbolo permanece. Y el símbolo de La Taconera lleva décadas haciendo que los peatones del Centro Histórico agudicen el oído cuando caminan de noche.

¿Quién era La Taconera?

Cuenta la historia que una joven muy bella e inteligente vivía junto con su madre en la ciudad de Saltillo, Coahuila, cerca de las calles de Bravo y Juárez. La muchacha era muy conocida entre los vecinos del barrio por su amabilidad, su belleza y por estar siempre al pendiente de su madre enferma, una señora ya grande de edad que dependía completamente de ella.

La señora estaba muy enferma y tenía la necesidad de ser atendida para recibir sus medicinas y tratamientos, cosa que solo hacía su hija, misma que se dedicaba en cuerpo y alma durante todo el día. Los vecinos la admiraban: veían en ella a una hija ejemplar, abnegada, que sacrificaba su juventud para cuidar a quien le dio la vida.

Sin embargo, durante las noches, la joven se transformaba. Solía vestirse de forma elegante, se arreglaba y salía de fiesta con sus flamantes tacones, mismos que la distinguían cuando caminaba entre las calles de Saltillo. Los vecinos aseguraban que no salía de fiesta, sino con su amante; para el caso daba lo mismo: desaparecía por las noches y no volvía sino hasta el otro día. Mientras caminaba, el sonido de sus pasos era inconfundible. Por esa razón le apodaron «La Taconera».

La noche que todo cambió

La rutina de la joven y su madre no cambió por mucho tiempo. Pero un día, en una de tantas salidas nocturnas, La Taconera al regresar no escuchó ruidos de su madre, ni cuando la llamó. Al acercarse se percató de que ya había fallecido. La muerte la encontró sola, en ausencia de la única persona que debía estar con ella.

El golpe fue devastador. La joven sintió que la culpa la aplastaba: creía que su madre había muerto mientras ella se ausentaba para irse de fiesta, que la había abandonado en el momento más vulnerable. Fue tal la tristeza y la soledad que le produjo esa culpa, que salió a la calle buscando la muerte, pensando que encontraría el perdón en su sacrificio. Sin más que pensar, esperó al primer auto que pasó sobre la avenida y se lanzó frente a él, lo que le produjo la muerte instantánea.

Saltillo había perdido a La Taconera. Pero La Taconera no había terminado con Saltillo.

El espectro que camina entre Bravo y Juárez

La historia parecía que había llegado a su fin, sin embargo, durante algunas noches en esas calles de Bravo y Juárez, los vecinos comenzaron a escuchar el sonido de los tacones, justo en la misma ruta que caminaba La Taconera. Cuando salían a ver quién era, no había nadie. Las calles estaban vacías. Solo el eco de unos pasos que nadie podía ver.

Los lugareños dicen que si La Taconera se te aparece, primero escucharás el sonido de sus pasos acercándose. De la nada saldrá el espectro de una mujer con el rostro deforme, tratando de asustarte para que saltes a la avenida, justo en el momento en que pase un auto, para que mueras de la misma forma que ella. Como si la condena de La Taconera no fuera solo vagar para siempre, sino arrastrar consigo a quien la encuentre.

Dicen los más viejos del barrio que su ruta siempre es la misma: la que recorría en vida, con esos tacones que la hicieron famosa en el vecindario. Y que hay noches —especialmente cuando el Centro Histórico de Saltillo se queda en silencio— en que se puede escuchar ese sonido rítmico en el pavimento, aunque no haya nadie a la vista.

Las diferentes versiones de la leyenda

Como toda leyenda que sobrevive décadas en la memoria popular, la historia de La Taconera tiene variantes. En algunas versiones la joven no se suicidó por culpa, sino que murió atropellada accidentalmente al correr a casa después de enterarse de la muerte de su madre. En otras, la culpa no venía de las ausencias nocturnas sino de una discusión que tuvo con ella el día anterior.

Hay quienes ubican la historia a finales del siglo XIX, en los años en que el Centro Histórico de Saltillo vivía su esplendor como corazón comercial y social de la ciudad. Otros la sitúan en los años 40 o 50 del siglo pasado, cuando los automóviles comenzaban a ser una presencia común en las calles del centro. En este último caso, el detalle del auto que la mata cobra más sentido histórico.

Una versión recogida por el escritor Javier Pastén para el Diario de Coahuila describe a la misma protagonista con otro nombre —o sin nombre— y sitúa la historia en los finales del siglo XVIII e inicios del XIX. En cualquier versión, el núcleo es el mismo: una mujer, sus tacones, la culpa y el espectro que quedó atrapado entre la vida y la muerte en las calles de Saltillo.

La Taconera en la memoria saltillense

La leyenda de La Taconera no es un caso aislado en la tradición oral de Saltillo. Nuestra ciudad tiene una riqueza extraordinaria de historias que nacieron en sus barrios más antiguos y que sobrevivieron porque los saltillenses las siguieron contando, de padres a hijos, de abuelos a nietos, alrededor de la mesa o en las noches de octubre cuando la ciudad se viste de calaveritas.

En el imaginario colectivo de Saltillo, La Taconera ocupa un lugar especial. No es un monstruo ni una entidad maligna sin historia: es una mujer con un drama humano comprensible, atrapada entre el amor a su madre y sus propias necesidades, consumida por una culpa que la llevó al límite. Esa humanidad es lo que la hace tan perturbadora y tan memorable.

Hoy, las calles de Bravo y Juárez siguen ahí, en el corazón del Centro Histórico de Saltillo. Y aunque los autos y el ruido de la ciudad moderna llenan ese espacio, hay quien asegura que en las madrugadas más tranquilas todavía puede escuchar, a lo lejos, el sonido inconfundible de unos tacones que no pertenecen a nadie que puedas ver.

Si quieres conocer más historias como esta, visita nuestra colección de Leyendas de Saltillo, donde reunimos las más populares del imaginario saltillense.

¿La has escuchado? — el sonido que nadie quiere confirmar

Hay saltillenses que crecieron escuchando esta historia de boca de sus abuelos, y hay otros que la conocen apenas hoy. Pero lo curioso es que todos —sin excepción— reaccionan igual cuando la escuchan por primera vez: se quedan en silencio un momento, como si trataran de recordar si alguna vez oyeron algo parecido caminando por el Centro Histórico de noche.

¿Tú conocías la leyenda de La Taconera? ¿Hay alguien en tu familia que haya vivido cerca de las calles de Bravo y Juárez y tenga su propia versión de la historia? Cuéntanos en los comentarios. Las mejores leyendas de Saltillo son las que la comunidad sigue viva.

Fuente original: El Heraldo de México. Versión ampliada por DeSaltillo.com con referencias a la tradición oral saltillense.

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