La noche del 5 de octubre de 1972, Saltillo cambió para siempre. Un tren de peregrinos que venía de las fiestas de San Francisco de Asís en Real de Catorce se descarriló a siete kilómetros de la ciudad, en el tramo conocido como Puente Moreno. Lo que debía ser un regreso de fe se convirtió en la tragedia ferroviaria más grave en la historia de México. Cincuenta y tres años después, la ciudad no ha olvidado. Nunca olvidará.
El tren peregrino y la noche de Puente Moreno
El tren era conocido como el Tren Peregrino: un servicio especial que cada año llevaba a miles de devotos desde distintos puntos del norte del país hasta Real de Catorce, en San Luis Potosí, para celebrar la fiesta patronal de San Francisco de Asís el 4 de octubre. Ese año de 1972, el tren transportaba mil 564 personas — en su mayoría familias humildes de trabajadores del campo, mineros y jornaleros — que regresaban a Saltillo tras las celebraciones.
A las 23:25 horas del 5 de octubre, al cruzar la pendiente del tramo Carneros en Puente Moreno, los frenos del tren fallaron. La máquina con matrícula 8402-5, propiedad de Ferrocarriles Nacionales de México, tomó la curva a exceso de velocidad y se descarriló. Varios vagones se incendiaron al impactar entre sí. Los cuerpos de los pasajeros quedaron esparcidos entre los hierros retorcidos en un paraje a oscuras, a siete kilómetros del centro de Saltillo. En aquellos años, la ciudad tenía apenas 190 mil habitantes.
El número de muertos que Saltillo nunca supo con certeza
La cifra oficial establecida por la Procuraduría General de la República fue de 234 muertos. Pero en Saltillo, la voz popular siempre sostuvo que esa cifra se quedó muy corta. La magnitud del accidente fue tan grande que muchos cuerpos no pudieron ser identificados, y algunos nunca fueron recuperados. Un reporte federal emitido la noche del accidente contabilizaba ya mil once heridos atendidos en hospitales de Saltillo y Monterrey, con apenas 152 cadáveres recuperados hasta ese momento.
Los saltillenses que vivieron esa noche recuerdan que los hospitales de la ciudad —incluido el Hospital General de Zona del IMSS— se vieron completamente desbordados. Las salas de emergencias no tenían capacidad para atender a tantos heridos al mismo tiempo. Los médicos, enfermeras y estudiantes de medicina trabajaron sin descanso durante tres días.
La solidaridad que Saltillo no esperaba
Lo que quedó grabado en la memoria de quienes vivieron aquella noche no solo fue el horror del accidente, sino la respuesta inmediata de la ciudad. Los primeros en llegar al lugar de la tragedia fueron estudiantes de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, que desde sus dormitorios cercanos escucharon el impacto y corrieron hacia el lugar. Sin equipo de rescate, sin entrenamiento especializado, improvisaron camillas con tablas y cobijas, sacaron heridos de entre los vagones y cargaron niños en brazos entre el humo y los gritos.
Hombres y mujeres comunes del sector se convirtieron esa noche en rescatistas. Con linternas prestadas buscaban sobrevivientes, arrastraban cuerpos y abrían paso entre el metal retorcido. La solidaridad fue instinto, no cálculo. María Esther Salas, entonces estudiante de enfermería de 17 años, llegó al lugar junto a dos amigas y no se fue hasta que la última persona fue atendida. Décadas después, aún recuerda cada detalle de aquella noche que marcó su vida para siempre.
Las causas que Saltillo nunca aclaró del todo
La versión oficial del gobierno responsabilizó a la tripulación del tren: los maquinistas y el personal fueron detenidos y trasladados a la penitenciaría de Saltillo, acusados de homicidio colectivo, daños en propiedad ajena y violación a las vías de comunicación, con penas potenciales de hasta 30 años de prisión. La narrativa oficial señaló que iban en estado de ebriedad.
Sin embargo, con el paso de las décadas surgieron otras versiones. Investigaciones posteriores apuntaron a una falla técnica en el sistema de frenado como causa real del descarrilamiento. El director del Museo Ferrocarrilero de la Ciudad de México documentó al menos dos sabotajes a trenes de la empresa durante 1971 y 1972, en el contexto de conflictos laborales con el sindicato ferrocarrilero. La causa precisa del Trenazo de Puente Moreno nunca fue establecida con certeza absoluta. Solo once tumbas permanecen hoy en el lugar de la tragedia, como recordatorio silencioso de aquella noche.
Puente Moreno hoy: la memoria que no se borra
Cada 5 de octubre, la ciudad recuerda a las víctimas. El lugar del descarrilamiento, sobre la carretera al sur de Saltillo en el tramo hacia Carneros, sigue siendo un sitio de peregrinación silenciosa para los familiares de las víctimas y para los saltillenses que llevan esa fecha marcada en la memoria familiar. Hay quienes recuerdan que en su casa no se habló de otra cosa durante semanas. Hay familias en Saltillo que nunca volvieron a abrir sus puertas porque todos sus integrantes murieron en ese tren.
El Trenazo de Puente Moreno fue el mayor accidente ferroviario en la historia de México. Saltillo lo sabe. Y lo recuerda.
¿Tu familia recuerda esa noche? ¿Algún ser querido estuvo en Puente Moreno el 5 de octubre de 1972? Cuéntanos en los comentarios o escríbenos por WhatsApp. Queremos preservar esa memoria.
