La Cuadrilla siempre se integraba con toreros diestros por un capitán, dos banderilleros, tres capas, dos picadores, dos lanzadores y un GRACIOSO.
Para el piquete, la empresa proporcionaba caballos útiles para que no se expusiera la vida de los jinetes, además de contar con cuatro equinos más para los casos de emergencia.
Si el toro no entraba los tres o cuatro envites que se le hicieran con la garrocha, se les regresaba al toril, o bien, el juez acordaba el tiempo justo para banderillarse y capotearse.
Pero, cuando se ordenaba suspender la pica, banderilla o mate, sólo se podía continuar cada acto con el permiso de la autoridad, ya que se cobraban de dos a cinco pesos de multa a los infractores.
Cuando el caballo resultaba herido por el toro, se le sacaba del redondel y se le maniba para que no saliera a las calles, pero si perdía la vida, los mismos empresarios lo sepultaban fuera de los límites de la ciudad.
Cuando un toro ya se había lidiado en una sóla ocasión, los promotores de la corrida le quitaban dos pulgadas al asta izquierda para que el público lo reconociera y con ello se evitarán las rechiflas, aunque estaban prohibidas por el Reglamento de Policía.
El capitán de la cuadrilla debería ejecutar a los toros sentenciados a muerte y se les quitaba la vida fuera de la plaza, cuando no fallecía después de tres estocadas.
La fiesta taurina saltillense cobraba más alegría y regocijo popular, cuando aparecían sobre la tierra del redondel los toros para ser lidiados por la afición o por las personas que deleitaban a la concurrencia con la PANTOMIMA.
Esos toros estaban bien mochos, porque los empresarios hacían muy bien esa operación el toril para evitar alguna desgracia entre los saltillenses.
Por el milagro de la historia que se encuentra en el ARCHIVO MUNICIPAL DE SALTILLO, pudo usted estar presente en una corrida de toros en la PLAZA DE TLAXCALA donde está el Mercado Juárez, por la calle de Pérez Treviño.
Claro, que si el mal tiempo o algún incidente de fuerza mayor no permitían que se realizara la fiesta de toros, se regresaban los boletos o contraseñas para disfrutar del encierro en el primer día hábil que se presentara para su verificación.
Pero, si la lluvia u otra causa imprevista interrumpía la lectura de esta original corrida taurina, cuando apenas se había jugado un toro, lo siento, pero ya no se le devolverá el importe de su entrada.
Sólo se imprimieron 25 carteles a todo color en la ciudad de México para anunciar la corrida de toros conmemorativa – XVI Aniversario del periódico EL SOL DEL NORTE -, y el único cartel que se conserva en Saltillo cubierto con acrílico, lo poseé orgullosamente el impresor de «MEMORIAS DE SALTILLO», Jesús Baltazar Garibay Peña, quien lo exhibe en Impresora Garibay, sito en Calzada Madero # 1850 de la colonia Mirador.
Sergio A. GALINDO añade: Ganó «El Sarape de Plata» el espada Antonio Ruiz «Antoñete» en la Plaza de Toros «Armillita» durante el Gran Festival Taurino del domingo 12 de diciembre de 1971. Lidiaron arrogantes ejemplares de Santa Elena los espadas Agustín García «Cayetano», Guillermo López «Pinturas», Octavio Paéz «Parrlito» y el máximo triunfador de la tarde taurina «Antoñete».
Las corridas de toros en Saltillo tienen presencia histórica:
Durante la corrida, ningún particular podían lidiar los toros que estaban destinados para la cuadrillas, salvo que el interesado hubiera obtenido licencia de la autoridad.
Tampoco se concedía el toro al particular o torero por el juego que se haya hecho con la bestia, porque el público lo pedía a gritos, en virtud de que ester asunto era competencia exclusiva de los señores empresarios.
En cambio, todo aquel particular que ofendiera el juez, al público o al empresario se le multaba hasta con veinticinco pesos o se le arrestaba, se la falta estaba tipificada como delito.
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Esta exclusiva investigación documental la publica su autor y editor SERGIO A. GALINDO CARRILLO en su revista MEMORIAS DE SALTILLO Número 10. AÑO II. MARZO-ABRIL DE 1995. SALTILLO, COAHUILA, MEXICO.