Trabajo en equipo: remedio infalible contra la individualitis aguda

Estuve en la cárcel y pensé que ahí iba a morir”, nos platicó don Roberto en la sobremesa de un domingo en familia.“¿En serio?”, preguntamos sorprendidos casi al unísono. Nos contó que por andar de mojarra en Estados Unidos, lo aprehendieron y tuvo que sobrevivir más de 60 días al ambiente hostil de la prisión; lo logró gracias a la labor de equipo que conocía muy bien desde niño.

Desde que lo entambaron vio los peligros, así que se puso listo y utilizó habilidades aprendidas al ser el segundo de seis hermanos varones y al haber pertenecido a diferentes equipos de futbol americano en su adolescencia. Además, por suerte conoció al líder, un tipo rudo, originario de Palmito, Durango, tierra natal de don Roberto; al saber que eran paisanos, el cabecilla simpatizó con él, lo protegió y lo incluyó en su consolidado clan de prisioneros.

La socialización y el trabajo en equipo son la mejor medicina contra el individualismo, esa especie de enfermedad que padecemos con frecuencia los mexicanos gracias a nuestro sistema de creencias, y que nos impide dejar de ser un País emergente y avanzar al siguiente nivel.

Trabajar de forma individual parece no tener grandes repercusiones si a final de cuentas se concluyen los proyectos en forma; no obstante, es importante reconocer que existen desventajas en el área laboral al no hacer equipos sólidos. La inversión de tiempo, esfuerzo y, por consecuencia, dinero es considerablemente mayor en organizaciones cuyos integrantes trabajan sin cohesión.

En este punto vale la pena hacer conciencia de que el trabajo en equipo no es como cuando estudiamos en la universidad: nos dividíamos las tareas, cada uno las resolvía como mejor le parecía y presentábamos un Frankenstein para salvar el pellejo.

Hay diferencias puntuales entre un grupo y un equipo de trabajo. En el primero, sus integrantes –pese a tener un objetivo en común– responden individualmente, no realizan trabajos complementarios y tienen una manera particular de funcionar; en el segundo, sus miembros se sienten corresponsables del objetivo en común, se conectan con el propósito trascendente, responden en conjunto al trabajo realizado, complementan talentos y fortalezas, y se exigen altos estándares de comunicación, coordinación y conectividad.

Además, un equipo –especialmente aquel que aprende– genera confianza, comunicación y respeto continuo entre los miembros, involucra a todos en la definición de objetivos y en la toma de decisiones (lo que propicia sentido de pertenencia y diversidad), favorece compromiso mutuo y responsabilidad compartida, busca entendimiento entre las partes y celebra sus éxitos.

BENEFICIOS PARA EL CEREBRO

Por si fuera poco, una persona que trabaja colectivamente tiene la posibilidad de hacer nuevas conexiones cerebrales gracias a que se enfrenta a diversas formas y energías para realizar una misma tarea, así su cerebro poseerá mayor plasticidad neuronal (facultad del cerebro para recuperarse y reestructurarse); a diferencia de quien suele hacer el trabajo de una sola manera (la suya) e incluso entra en una zona de confort.

Así que ya lo sabemos: si queremos no sólo incrementar la productividad en nuestra empresa o negocio con el ahorro de tiempo, esfuerzo y dinero en las tareas; sino que además nos interesa mantenernos fuertes y activos neuronalmente, el trabajo en equipo es la solución.

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