¿Sabe dónde se ubicó la primera plaza de toros de Saltillo?

Por Ariel Gutiérrez

Desde 1712 datan los registros de corridas de toros en esta ciudad, aunque se cree que fue antes de ese año puesto que el ganado bovino fue traído a estas tierras a principios del siglo 17. Como todos los años, sobre todo en tiempos de feria, la celebración de los festejos taurinos no podía faltar, ya que constituían una atractiva fuente de recursos económicos para la autoridad. 

Durante el apogeo de la Feria del Saltillo, la cual llegó a ser una de las tres más importantes de México, junto a la de Jalapa y la de San Juan de los Lagos. En Saltillo se celebraban hasta 30 corridas por temporada. 

En el año de 1841 el Ayuntamiento de la ciudad nombró una comisión integrada por concejales y ciudadanos para escoger un lugar dónde construir una plaza de toros fija, ya que los festejos taurinos se realizaban en improvisados tablados en plazas públicas. Después de revisar varios lugares, la comisión dictaminó que el lugar idóneo para la construcción de la plaza era el terreno frente a las casas consistoriales, la casa de Gobierno Municipal, cárcel y hospital del antiguo pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, situado en la cuadra que hoy forman las calles de Pérez Treviño, Allende y Padre Flores. El inicio de la construcción se vio interrumpido por falta de recursos y por la ocupación de Saltillo por el Ejército estadounidense durante la guerra con el vecino país. Al retiro de las tropas en el año de 1848 se organizó una corrida tal y como se solía hacer para recabar fondos, los que sirvieron para la reconstrucción de la ciudad por los estragos ocasionados por los yanquis.

El 15 de diciembre de 1848, el Presidente Municipal de Saltillo celebró un convenio con Jesús Narro Rodríguez y Jesús Fuentes, quienes se comprometieron a erigir una plaza de toros en el lugar señalado. Una vez concluida la obra, los empresarios tendrían el usufructo del inmueble por 9 años y las accesorias, es decir los locales exteriores que servirían para tiendas de todo tipo, dispuestos alrededor.

La Plaza de Toros fue nombrada Tlaxcala en honor al extinto pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala. El 15 de septiembre de 1850, maestros albañiles, carpinteros y herreros terminaron de edificar el coso el cual tenía un aforo para 4 mil personas. La inversión fue de 5 mil 794 pesos. El edificio se constituyó como uno de los principales de la ciudad y despertó el orgullo de locales ante los llegados de otras partes durante la famosa feria.

El principal uso de la arena fue para los exponentes, tanto profesionales como aficionados, del arte de Cúchares, quienes practicaban un arcaico toreo, más mexicano que español, ya que aún imperaba el sentimiento antiespañol.

Durante la Guerra de Reforma, la plaza albergó a tropas de ambos bandos, primero a los liberales, después al Ejército francés y tropas de partidarios del emperador Maximiliano. Otros usos fuera de las corridas fueron las actuaciones de acróbatas de circo, maroma, teatro y mítines políticos. Destacó la presentación del ídolo mexicano Ponciano Díaz, el cual durante las corridas vestía traje y sombrero de charro y ponía banderillas a caballo. El lidiador poseía una recia personalidad mexicana, solía llevar puro en boca y en su inconfundible rostro llevaba un tupido y muy mexicano bigote. Otra estrella del momento fue la famosa amazona Cristina Aguirre, conocida como La Charrita Mexicana, fue receptora de aplausos de los saltillenses, por su destreza. 

La piqueta del tiempo hizo lo suyo, la construcción a las afueras de la ciudad de otra plaza de toros, la de Guadalupe y las malas condiciones hicieron que el inmueble fuera inoperante. En 1896 la autoridad municipal ordenó que la plaza fuese demolida, el terreno sirvió para dar paso a la construcción del primer Mercado Juárez.

Algunas plazas de toros siguen en pie, convertidas en testigos mudos del espectáculo que por más de 300 años ocupó los primeros lugares de preferencia entre las masas de esta ciudad. Desde 2015 las corridas de toros quedaron prohibidas en Coahuila. La foto que acompaña este artículo es propiedad del Centro Cultual Vito Alessio Robles 

Publicado en: Historias de Saltillo