Mi generación es la mejor… ¿Será?

La solución está en la convergencia de conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes de cada generación.

“Mamá, estoy en Concha (del Oro, Zacatecas), no te preocupes”. Silencio total. “Nos vamos a quedar en casa de unos tíos de Dinora”. El rigor mortis continuó. “Es que no estabas para pedirte permiso y quería venir… ¿Mami? Lavé los trastes y barrí; nada más me faltó el baño, pero cuando regrese…”. La frase fue cortada intempestivamente por la furia de mi madre, que por fortuna no traspasó el teléfono ochentero para zarandearme de los cabellos. 

Desde el despertar de mi conciencia, y ya no recuerdo hasta cuándo, mamá nos decía a mis hermanos y a mí que “el que obedece, no se equivoca”. Durante más de una década, el precepto disfrazado de sugerencia me pareció un pilar de vida, además de que fue fácil cumplirlo; pero, cuando entré en la adolescencia, la frasecita empezó a chocarme, así que comencé a explorar otras opciones.

Mi madre no me educó mal, me enseñó con base en valores, costumbres y tradiciones que le inculcó mi abuela; quien a su vez los adquirió de mi bisabuela; ésta, de mi tatarabuela, y así sucesivamente. Sabemos entonces de dónde vino la imposición de la obediencia a ciegas, así como la consecuente insumisión; pero, comprendamos también dónde se inició una brecha generacional que parece irreparable y está impactando negativamente en el ámbito del trabajo.

A menudo escuchamos nombres y explicaciones de cómo es cada grupo poblacional nacido en determinada época: Millennials, Generación X, Baby boomers, etcétera; pero, la teoría sirve poco o nada si no la llevamos a la práctica y no nos beneficiamos de ella.

Iniciemos por aceptar que ninguna generación es mejor que otra y todas tienen fortalezas y debilidades, que conviene regular para rediseñar la estrategia de productividad empresarial.

Por ejemplo: Millennials y Centennials representan la fuerza laboral más conocedora y dominante de la tecnología; no obstante, carecen de compromiso y abandonan el trabajo si no cuentan con factores específicos que los motiven, generando así altos índices de rotación de personal.

Por su parte, los Baby boomers e incluso la Generación Silenciosa (aceptémoslo: sin pensiones, no hay jubilaciones y ellos siguen trabajando) e incluso la X, representan el talento con mayor compromiso en puntualidad, asistencia y menor deserción; sin embargo, son inmigrantes digitales y carecen de ese chip mental para entender y –sobre todo– aceptar y promover el uso libre de la tecnología.

Unos no mueven un dedo si no es con apoyo de un dispositivo electrónico conectado a la red; aunque, por exceso de cibernavegación, su sistema nervioso está agotado, y no son tan minuciosos para analizar y discriminar la información de su trabajo. Otros, disfrutan examinar los detalles, sí; pero, son lentos y temerosos en la toma de decisiones.

Por tal motivo, la solución está en la convergencia de conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes de cada generación; en donde cada una aporte a las otras lo que no poseen.

Analiza el talento en tu organización, ¿cómo está conformado? ¿Hacia cuál generación te has inclinado más y por qué? ¿Te da resultado? Si algo está fallando, prueba esta estrategia de comunión entre generaciones con base –claro está– en las necesidades de tu empresa y con una selección adecuada de tu personal; porque, eso sí, tanto un buen como un mal colaborador, lo encontramos en cualquiera de las generaciones.   

Dominio Comunicación: Comunicación efectiva para tu vida personal y profesional. (55) 2212 7220.

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