La Relojería Suiza - Negocios de Antaño en Saltillo

por Ariel Gutiérrez

El tercer comercio activo más longevo sigue con su tic tac

Recordar es la única manera de detener el tiempo dice una vieja frase. Augusto Nicklaus y Rosa Pujo decidieron dejar la vieja Europa y establecerse en México. A mediados de  los años ochenta del siglo antepasado, la pareja arribó a Saltillo poco después de que abriera la línea del ferrocarril a Laredo.

Él, suizo, originario de Neuchâtel pueblo situado a orillas del lago de Neuchâtel, zona donde se habla principalmente francés y centro comercial por excelencia de relojes, chocolates y pasteles. Ella, francesa, originaria de Burdeos población enclavada en la famosa región vitivinícola productora de los mejores vinos de Francia.

Una vez instalados en estas tierras, Nickalus de 39 años, decidió abrir un local y vender productos  de su natal suiza, relojes. Por obvias razones nombraron a la relojería Suiza, el negocio abrió puertas y postigos en 1886 en un emblemático lugar, la vieja casona donde 100 años atrás funcionó la tienda del famoso comerciante gallego Juan Landín, el local, antigua numeración, segunda calle de Juárez números, 6 y 8, hoy Allende esquina con Juárez; más otro local en Juárez letra B, a unos pasos al poniente, antes de la calle Morelos.

Con el tiempo La Suiza incorporaría para su comercialización, joyas, alhajas, muebles, fonógrafos y vitrolas. También se agregó el servicio de reparación de relojes y alhajas con maquinaria traída desde Europa. En 1904 un anuncio publicado en el periódico El Coahuilense, nos dice: “Esta elegante casa cuenta con un gran surtido de joyería de diversas clases; relojes finos y corrientes para caballeros y señoras. Se hacen garantizando el trabajo, el propietario ofrece las seguridades debidas en las alhajas que se le confíen, pudiendo los interesados tener plena confianza en esta casa, sus precios son fijos y módicos.

Después de 20 años de trabajo Augusto Nicklaus decidió vender parte de su negocio y traspasar el pequeño local de Juárez letra B, el adquiriente fue el trashumante italiano Buenaventura De Nigris, quien llegó desde de Rivello, un pequeño pueblo situado a unos 180 kilómetros al sur del puerto de Nápoles, en Italia.

De Nigris siempre dedicado a actividades de comercio, previamente había pasado por Cuba y Veracruz, se estableció en Saltillo donde ya residían dos familias de su natal Rivello, los Cavatino y Zamantino, los primeros dedicados al negocio de ferretería y los segundos a la venta de prendas de vestir.

Una vez hecha la compra, Buenaventura De Nigris funda en 1907 la relojería italiana, situado en Juárez, entre Allende y Morelos, casi frente a la puerta del desaparecido Hotel de Coahuila. Los hijos de De Nigris, José, Blas, Domingo Antonio y Juan, casi todos comerciantes realizaban viajes a Italia con el fin de traer mercancías, Blas el mayor, de oficio relojero se hizo cargo del negocio junto a Juan el menor de sus hermanos. Para 1926 Juan De Nigris decide independizarse, vende su parte del negocio y con el producto de la venta le compra a Augusto Nicklaus la relojería suiza.

Juan de Nigris estuvo al frente de la suiza por más 20 años, muere en 1949, su viuda María Luisa Albrici toma las riendas del negocio y de inmediato empieza a darle nuevos aires a la tienda. Decide renovar el viejo local de la relojería, encarga el proyecto al visionario arquitecto Jaime Napoleón Padilla Villarreal, quien de manera responsable, no tumba ningún muro, no toca el techo original, hoy en día se pueden ver las columnas de carga y la viguería original. Solo la fachada sufrió cambios con revestimiento y acabados sobre los adobes, los marcos de los aparadores y el rodapié están cubiertos con imitación mármol negro, seguro por ser sinónimo de seriedad y elegancia.

Padilla agrega un falso plafón y en la parte superior del edificio pone la palabra suiza en letras color oro sobre un fondo azabache en cada lado de las paredes que hacen la esquina. Con la remodelación se obtuvo un local sobrio, moderno, nada ha cambiado después de esa remodelación.

Como un buen reloj suizo, La Suiza posee uno de los primeros registros de la Cámara Nacional de Comercio de la ciudad, es el tercer comercio activo más longevo, cuatro generaciones han estado al frente, acumula casi un tercio de la edad de Saltillo, 134 años, sigue su marcha al ritmo de tic tac como si tuviera infinita cuerda.

Agradezco la cooperación de Juan de Nigris Soberón por haberme cedido tiempo para realizar esta colaboración.