La Julia - Patrulla de Saltillo en 1955

¿Porqué le llamaban "Julia"?

Una historia (no confirmada) cuenta que para 1932, existía en la ciudad de México una patrulla motorizada de la policía de rodado sencillo llamada “La Julia”; en ella se llevaban a la delegación a borrachos y rijosos». Luego, tratando de explicar el porqué del nombre, dice: «El nombre de “Julia” se puso en honor a una prostituta que agarraba lo que le caía y, como la camioneta, “Julia” igual cargaba con muertos, detenidos, borrachos, perros, etcétera, por comparación se le puso ese nombre»

La Julia (1955)

A continuación tenemos un extracto de "Los estatutos de la mirada" (Instituto Municipal de Cultura de Saltillo, 2017) de Alejandro Pérez Cervantes

Dice don Gabriel Berúmen, autor de esta foto, que a los separos de la delegación de policía la gente se refería con cariño e ironía como “El Hotel Bravo”. Y que estos se ubicaban sobre la céntrica calle que corre paralela a Hidalgo, bajando Aldama (donde hasta hace unos meses se ubicaba la Biblioteca Pública Elsa Hernández, misma que fuera cerrada para remodelar el edificio y ampliar, en su parte trasera, los terrenos del Centro Cultural Vito Alessio Robles).

La imagen es icónica y tiene múltiples lecturas. Una: la comandancia estrenaba vehículo nuevo. Había que presentarlo. Los agentes del orden paramentos, bordaduras —como en la foto de Henry Segovia y sus Destroyers— se dispersan en torno a él. Pero este asedio es diferente. Hay un cierto aire serio y marcial. Los cuerpos rectos y fijos algo engarrotados. Las miradas inquisitivas al frente. El uniforme reglamentario. Una composición estática y perfecta, acentuada por la recta repetida de las rejas del doble ventanal, y del borde a la derecha de lo que parece ser una nomenclatura o anuncio.

El personal policial pareciera estar acomodado por jerarquías en un orden descendente, desde el primero hasta el último plano. Lo vemos por las insignias, la edad, el gesto. La foto parece haber sido tomada en un día luminoso con sombras suaves. La combi tiene un cierto aire europeo. Hasta inofensiva parece.

Cuando di con este archivo, estaba identificado con el nombre de “La Julia”. Apelativo con el que antaño, y aún ahora, en ciertos sectores populares se designa a las patrullas o vehículos policiacos: La Chota, La Jaula, La Jura, La Tira, Los Judas, Tecolotes, Tamarindos (por el uniforme café); el habla popular expandió su flexibilidad y su inventiva como intentando un exorcismo.

Según estudiosos como el doctor Carlos Recio, uno de los primeros usos de la fotografía fue su carácter de registro, evidencia y prueba. Fichas policiales, recreaciones de hechos delictivos. Por eso siempre serán doblemente significativas las imágenes sobre policías, militares o fuerzas del orden. En un segundo nivel, la imagen denota, al menos por parte del fotógrafo, una cierta intención irónica. Yendo más allá, podría ser casi una glosa a los dichos del filósofo Schopenhauer, quien en su vejez alcanzó a comentar ese espíritu inquietante del retrato fotográfico: “Que el aspecto exterior de un hombre es un retrato de su interior, y el rostro una expresión y revelación de la totalidad de su carácter”. Es decir, que tras el gesto de marcialidad o fiereza, más allá de los atributos intrínsecos a cualquier vestido o uniforme, pervive el hombre a secas. La transparencia de su gesto, su vulnerable opacidad. Su expectativa, su mascarada: su finitud y su temporalidad.

Publicado en: Destacado, Historias de Saltillo

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