Historia del reloj de la Capilla del Santo Cristo

por Ariel Gutiérrez

Como escribió el poeta: ‘van rodando las horas porque quieren’, pero Saltillo tiene un escribiente fiel que las registra

Friedrich Von Schiller dijo alguna vez: “El reloj no marca nunca las horas para los dichosos”. Sin duda al reloj más famoso de la ciudad se le ha conocido a lo largo de su existencia con diferentes nombres: reloj público, monumental, de la ciudad. Es un verdadero museo del tiempo, por más de 200 años ha sido testigo fiel de los acontecimientos más importantes de la vida de Saltillo.

Es probable que el primer reloj mecánico se haya instalado por 1800, cuando se concluyó la construcción de la capilla. A un lado lo acompaña otro reloj, pero solar, es casi imperceptible para los transeúntes, es una media luna de cantera, orientada con dirección a la salida y puesta del sol, se localiza justo arriba del remate del frontispicio. Su instalación sirvió para tomar y poner la hora en el reloj mecánico. El cuadrante solar no tiene el gnomon o estilete, es decir la varilla que produce la sombra para indicar la posición del sol.

Las labores de mantener la maquinaria del reloj, consistían en limpiar y lubricar los ejes de las diferentes ruedas, recorrer y ajustar los contrapesos, vigilar el correcto funcionamiento del áncora y la rueda de escape, responsables del impasible tic tac, sonidos semejantes a los latidos del corazón.

Uno de los primeros cuidadores fue José Jesús Zertucha, en 1836 aparece en documentos que obran en el Archivo Municipal de Saltillo, Zertucha en ese tiempo encargado del reloj, solicitó se le adelantaran tres meses de su sueldo para poder reparar el reloj ya que se encontraba descompuesto, al parecer la petición no prosperó, ya que ocho meses después, se nombra a Abraham Alcalá como nuevo encargado, quien repara y pone a trabajar el reloj de la capilla.

Tan solo un año más tarde en 1837, Francisco García Conde, gobernador de Coahuila, ordenó al Ayuntamiento se dispusiera de los fondos de la feria, para pagar  a Santiago Lacroix dos mil 600 pesos para la compra de un reloj de la torre de la capilla. Alcalá se encargó de mantenerlo hasta  1841.

Después de la dimisión de Alcalá, Jesús Guajardo al parecer un aspirante a relojero, solicitó el empleo, la autoridad negó la vacante, porque no contaba con los conocimientos necesarios.

Hasta 1851, el relojero fue Juan Nepomuceno Valdés Ramos, quien entregó las llaves del reloj, ya que no podía seguir trabajando porque se le había reducido su salario a cuatro pesos mensuales.

Trascurrió el tiempo, la constancia y tal vez el estudio, hicieron que Jesús Guajardo, quien años antes había solicitado el puesto, logra obtenerlo en 1857.

Otro encargado se nombró en 1863, esta vez fue Juan Flores, quien no desaprovechó la oportunidad de pedir aumento de sueldo, me pregunto por qué el cabildo subestimaba la labor de los relojeros. Flores trabajó alrededor de 10 años. De nueva cuenta en 1867 Jesús Guajardo regresa como comisionado del reloj. En 1873 una mujer, Rosa Peña ocupó el lugar para el mantenimiento y poner en marcha al aparato marcador del tiempo.

En la primera década del siglo 20, el relojero y joyero Hipólito Carmona, se encargó de mantener y adelantar o retrasar las manecillas cuando era necesario.

REGALO DE DON PORFIRIO

Para conmemorar la Independencia de México, el gobierno de Porfirio Díaz regaló entre 1897 y 1911 más 2 mil relojes monumentales. La Esmeralda de Hauser y Zivy, fundada en 1864 en la Ciudad de México, fue la que distribuyó parte de los relojes destinados a varias ciudades de Mexico. En 1910, Saltillo recibió el reloj francés.

Se ha dicho que el reloj se construyó en Lyon, Francia, desde 1860 en esa ciudad se encontraban dos distribuidoras de relojes monumentales, Hemmel y Charvet, ambas vendían relojes de campanario fabricadas por Bailly-Comte Frères, producidas en Morez departamento de Jura, Francia.

La diferencia del reloj francés y el suizo está en el número cuatro, los relojes suizos lo llevan en romano (IV) y los franceses llevan cuatro números uno (IIII).

En 1911 Alejandro Vito Carmona Flores, hijo de Hipólito, aceptó el nombramiento como encargado del reloj. Carmona era dueño de El Cronómetro, casa de relojes y fotografía situada en la primera cuadra de la calle de Zaragoza. Muy conveniente le resultaba a don Alejandro la cercanía de su negocio a la capilla para cuidar y mantener el flamante reloj.

¿Qué tan observador es usted? ¿En la actualidad el reloj de la capilla tiene números romanos o arábigos?