Mi Saltillo por Catón

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A Saltillo la hicieron indios y españoles.

Venían del desierto, y se toparon de pronto con un oasis que tenía en el medio un salto de agua pequeñito. De ahí el nombre: Saltillo.

Etimología de a dos por cinco, es cierto, pero díganme ustedes una mejor. Sigue fluyendo todavía el cristalino manantial, aunque mi ciudad, de raza colonial, se ha modernizado, y es ahora gran capital automotriz.

Conserva, sin embargo,su raíz cultural, que hizo que Saltillo fuera llamada “la Atenas de México”.  Alguien consideró exagerada esa denominación, pero yo vi en Grecia un letrero que decía: “Atenas: el Saltillo de Europa”.

Mi ciudad tiene una catedral que, si yo fuera obispo, cobraría por verla.

Tiene montañas que la rodean en amoroso abrazo, y crepúsculosque parecen anuncios de publicidad de Dios.

En Saltillo se hacen sarapes que cogen todo el sol del mundo, y todos los arco iris, y los obligan a quedarse quietecitos en sus pliegues, lujo sobre el lujo del piano alemán con candelabros.

Y tiene Saltillo una alameda que ha puesto prólogo a todos los amores saltilleros. Si esa alameda pudiera hablar ¡ah, cuántas cosas se callaría!.

El otro día soñé que llegaba a las puertas del Cielo. Me formaba en la fila de los que esperaban entrar en la morada de la eterna bienaventuranza.

San Pedro, el portero celestial, interrogaba alos recién llegados: “¿De dónde vienes?”. “De Roma”. “Está bien, pasa. ¿Y tú?”. “Yo vengo de Florencia”. “Puedes pasar. ¿Y tú?”.”Yo vengo de Paris”. “Pasa también”. Y que me llegaba el turno y el buen portero me preguntaba: “Y tú ¿de dónde vienes? Yo respondía: “De Saltillo”. Entonces San Pedro, preocupado, se rascaba la calva y me decía: “Ah, caray, señor, pues pase usted, a ver si le gusta esto que tenemos”.

Lectora amiga, amigo lector: sé que tu ciudad es hermosa como la mía, y que tienes en ella amores y recuerdos como los tengo yo. Pero te invito a venir a Saltillo. Te mostraremos las galas de nuestra ciudad y compartiremos contigo nuestras gulas: el pan de pulque, inverosímil; nuestra fritada de cabrito, única en todo el universo y partesadyacentes; nuestras enchiladas, ante las cuales los manjares que encomió Brillat-Savarin son modestísimo potaje; nuestros dulces paradisiacos…

Vengan a Saltillo. Quién sabe, a lo mejor se van a ir al Cielo, y es bueno que se vayan preparados.

Armando Fuentes Aguirre “Catón”
Cronista de la ciudad de Saltillo

El Archimillonario por Caton